martes, 6 de mayo de 2014

Los innumerables mitos sobre el dentista y la salud bucodental


Misión infinita se antojaría realizar una enumeración de todos los mitos que circundan en torno al dentista, la odontología y salud bucodental en general. Sin embargo, existe un puñado  habitual en las conversaciones cotidianas que, no obstante, se van superando paulatinamente conforme la información y transparencia sobre el sector crece. Éstos son algunos de ellos:

-          Si no tengo dolor, no tengo problema alguno. La prevención es la madre de la buena salud. Y cuando los distintos especialistas, incluidos los dentistas, insisten en la necesidad de prevenir y de realizar, periódicamente, las revisiones que se recomiendan, por algo será. Detectar a tiempo cualquier problema o patología es garantía de salud, mientras que tratarlo sólo cuando se hace visible o sensible puede provocar que ya no tengo remedio, total o parcial. ¡Prevención, por favor!

-          Al dentista se acude a sufrir. Nada más lejos de la realidad, puesto que el objetivo es, precisamente, poner fin a cualquier problema dental que puede causar dolor o, sencillamente, evitar que aparezca. Las avanzadas tecnologías presentes desde hace tiempo en las clínicas dentales y las eficaces anestesias pueden convertir en apacible y agradable la visita al profesional de la odontología.

-          La limpieza y el blanqueamiento dental dañan los dientes. Falso. Si así fuera, los profesionales de la odontología serían los primeros que no los recomendarían. En la limpieza se remueve la placa acumulada y en el proceso de blanqueamiento no se daña el esmalte dental, sino que su porosidad permite penetrar en las piezas dentales.

-          No merece la pena gastar esfuerzos en arreglar los dientes de leche. Se trata de un error común, ya que la salud de las piezas definitivas que surgirán con el tiempo dependerán, precisamente, de esos dientes de leche.

-          Embarazo=caries. Encontrarse en estado no es sinónimo de caos para la salud dental. Sí es cierto que se incrementa la posibilidad del sangrado de las encías y se altera la composición de la saliva, pudiendo contener más bacterias de lo habitual, por lo que hay que tener especial cuidado con la higiene bucal.

-          Remedios caseros. Que en épocas antiguas nuestros abuelos utilizaran algunas técnicas distintas para cuidar su boca no significa que fueran perjudiciales. Pero sí es cierto que en la actualidad existen otras estudiadas e investigadas con una eficacia y una salubridad infinitamente mayores. Por eso, mejor no inventar ni improvisar con la salud bucodental.

-          Si tengo encías sangrantes, mejor no lavarse los dientes. Al contrario: si no lo hacemos es probable que sangren más. De hecho, puede ser síntoma de gingivitis o periodontitis, por lo que deberíamos visitar al especialista, pero sin dejar de lado el cepillado.

-          Chicles. Tradicionalmente demonizados para nuestra salud bucodental, la goma de mascar, siempre sin azúcar, ayuda a mantener sana la boca, ya que arrastra restos de comida entre los dientes y ayuda a salivar, lo que nos protege, en cierta forma, contra las caries.

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