lunes, 12 de mayo de 2014

Recomendación: el blanqueamiento dental, siempre en manos de profesionales



No hace falta ser muy sesudo para convenir que los milagros quedan para el ámbito de las creencias religiosas, para el cine y similares. Y seguro que muchos de vosotros también estáis de acuerdo con aquello de que, en ocasiones, ‘lo barato puede acabar saliendo caro’.

Son aseveraciones que perfectamente se pueden extrapolar al campo de la odontología y, más concretamente, y objeto de este post, al recurrido blanqueamiento dental. Una cosa es aprovecharse de ofertas especiales, normalmente puntuales, y otra distinta ofrecer unos servicios sospechosamente baratos y, en ocasiones, por debajo del coste de mercado que, además, prometen resultados cuasi milagrosos. Y con los asuntos relacionados con la salud hay que actuar con pulcritud.

Desde distintos organismos profesionales, y como ha hecho, por ejemplo, el Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de la Primera Región, han advertido del hecho de que detrás de este tipo de tratamientos blanqueadores pueden esconderse métodos excesivamente agresivos y en escaso tiempo (en pocas sesiones) que pueden ocasionarnos algún problema para la salud.

Tanto los productos como las técnicas empleadas para este proceso de blanqueamiento han de conservar en su plenitud las características de las piezas dentales. De utilizar otros distintos, o, también, en cantidades inadecuadas, pueden ocasionarnos diversos efectos secundarios, como pérdida de sensibilidad dental o problemas en las encías.

Mejor con diagnóstico
Existen en el mercado, y al alcance de todos, productos que se venden como blanqueadores y sin necesidad de prescripción alguna por profesionales. El resultado puede ser óptimo, pero, desde luego, no es lo más recomendable, ya que es el propio paciente el que recurre a ellos sin un diagnóstico previo. De esta forma, los riesgos son mayores y, probablemente, la eficacia, menor. Lo más habitual es que, precisamente, el profesional de la odontología realice al cliente ese diagnóstico previo sobre el tratamiento blanqueador, ya que no todos los dientes presentan las mismas características.

Algunos de los efectos secundarios que puede ocasionar una mala praxis en el blanqueamiento pueden ser cambios en la rugosidad de la superficie del diente, o incluso de su propia estructura; modificaciones en la sensibilidad de los mismos; ingestiones accidentales del producto; afección de los nervios dentales; lesiones en las encías…

Por eso, se ha de tener especial cuidado con esos tratamiento milagro a precios realmente reducidos  y, en la medida de lo posible, consultar siempre previamente con tu dentista. Ten en cuenta que ningún producto utilizado en los blanqueamientos es inocuo, por lo que lo recomendable es que su uso o aplicación siempre quede en manos de profesionales. Los productos blanqueadores contienen peróxido de hidrógeno o peróxido de carbamida.

No obstante, la mejor forma de asegurarnos un blanco natural de nuestros dientes es cumplir con su cuidado diario, con un constante cepillado, uso de hilo dental y otros elementos de la salud bucodental y realizar las visitas pertinentes al dentista en aras de revisar nuestra dentadura.

Hace unos meses, el Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de la Primera Región (www.coem.org.es), que engloba a las provincias de Madrid, Ávila, Guadalajara, Ciudad Real, Cuenca y Toledo, puso en marcha una campaña -Por una odontología de calidad- para luchar contra estas prácticas que considera poco saludables.


Con la salud no se juega. Elige bien dónde cuidas tu boca.

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