Si eres fumador, probablemente estés cansado de escuchar lo
malo malísimo que es el tabaco para
tu salud. Y lo cierto es que es verdad. Pero, a pesar de las campañas en su
contra, la abundante información acerca
de sus efectos perjudiciales, de las subidas de impuestos y otras muchos
obstáculos que las administraciones ponen para frenar su avance o minimizar su expansión,
lo cierto es que el hábito de fumar (cigarrillos, puros, pipa…) sigue, según los datos de la
Organización Mundial de la Salud (OMS), causando seis millones de muertes al
año. Y lo peor es que 600.000 personas de ese número ni siquiera son fumadores.
Hace apenas unos días, el pasado 31 de mayo, se celebró el Día Mundial Sin Tabaco, que tiene por
objetivo informar sobre los riesgos que su consumo reporta para la salud e
intentar promover acciones en su contra en todos los ámbitos administrativos.
Son casi infinitos los riesgos que para la salud general
reporta el consumo de tabaco, en especial para los sistemas broncopulmonar y
cardiovascular (incluso con altas probabilidades de desarrollar cáncer). Sin
embargo, en este artículo nos vamos a detener en los efectos que el tabaco
causa en la cavidad bucal. De hecho, muchos odontólogos lo consideran el enemigo
público número 1 para sus pacientes.
En una relación resumida de las consecuencias que ocasiona en
nuestra salud bucodental el hábito de fumar, podemos destacar las siguientes:
-
Desarrollo
de enfermedades periodontales. La reducción del flujo sanguíneo acaba
afectando a las encías, que quedan más indefensas ante la placa bacteriana, que
destruye el tejido que sostienen las piezas dentales. Incluso se puede llegar a
producir la pérdida de masa ósea, por lo que los dientes acaban teniendo un
soporte menos estable, pudiéndose desplazar o caer.
-
Aumenta el riesgo
de caries al reducirse la producción de saliva.
-
Cáncer
oral. El más grave. La ingesta
constante de toxinas que forman parte del tabaco pueden arrastrarnos a ello,
puesto que resultan dañadas las células de la boca y la faringe.
-
Cambio de
color y aparición de manchas en los dientes al alterarse el esmalte. Y si
queremos mantener una blanca sonrisa nos va a tocar visitar al dentista para
pasar por un proceso de blanqueamiento profesional.
-
Si eres consumidor habitual de tabaco, es
posible que cualquier herida producida en la cavidad bucal tarde en cicatrizar
más tiempo de lo que sería normal.
-
Mal
aliento o halitosis.
-
Menor eficacia de los implantes dentales.
-
Pérdida del
gusto. Una lástima para los amantes de la gastronomía. El daño que el
tabaco causa a las papilas gustativas de la lengua produce una reducción en la
sensibilidad de los sabores. Además, es posible que no controlemos la cantidad
de sal que llevan los alimentos, pudiendo entrar en una dinámica de exceso en
el consumo de la misma.
Si crees que tienes alguno de estos problemas por culpa del
tabaco, lo recomendable es que consultes a tu dentista. Y piensa en todo ello
antes de fumar, ya que una vez adquirido el hábito suele resultar muy
complicado abandonarlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario