jueves, 5 de junio de 2014

¿Eres consciente del daño que el tabaco ocasiona en tu boca?



Si eres fumador, probablemente estés cansado de escuchar lo malo malísimo que es el tabaco para tu salud. Y lo cierto es que es verdad. Pero, a pesar de las campañas en su contra, la abundante  información acerca de sus efectos perjudiciales, de las subidas de impuestos y otras muchos obstáculos que las administraciones ponen para frenar su avance o minimizar su expansión, lo cierto es que el hábito de fumar (cigarrillos, puros, pipa…) sigue, según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), causando seis millones de muertes al año. Y lo peor es que 600.000 personas de ese número ni siquiera son fumadores.

Hace apenas unos días, el pasado 31 de mayo, se celebró el Día Mundial Sin Tabaco, que tiene por objetivo informar sobre los riesgos que su consumo reporta para la salud e intentar promover acciones en su contra en todos los ámbitos administrativos.

Son casi infinitos los riesgos que para la salud general reporta el consumo de tabaco, en especial para los sistemas broncopulmonar y cardiovascular (incluso con altas probabilidades de desarrollar cáncer). Sin embargo, en este artículo nos vamos a detener en los efectos que el tabaco causa en la cavidad bucal. De hecho, muchos odontólogos lo consideran el enemigo público número 1 para sus pacientes.
En una relación resumida de las consecuencias que ocasiona en nuestra salud bucodental el hábito de fumar, podemos destacar las siguientes:

-          Desarrollo de enfermedades periodontales. La reducción del flujo sanguíneo acaba afectando a las encías, que quedan más indefensas ante la placa bacteriana, que destruye el tejido que sostienen las piezas dentales. Incluso se puede llegar a producir la pérdida de masa ósea, por lo que los dientes acaban teniendo un soporte menos estable, pudiéndose desplazar o caer.

-          Aumenta el riesgo de caries al reducirse la producción de saliva.

-          Cáncer oral. El más grave.  La ingesta constante de toxinas que forman parte del tabaco pueden arrastrarnos a ello, puesto que resultan dañadas las células de la boca y la faringe.

-          Cambio de color y aparición de manchas en los dientes al alterarse el esmalte. Y si queremos mantener una blanca sonrisa nos va a tocar visitar al dentista para pasar por un proceso de blanqueamiento profesional.

-          Si eres consumidor habitual de tabaco, es posible que cualquier herida producida en la cavidad bucal tarde en cicatrizar más tiempo de lo que sería normal.
  

-          Mal aliento o halitosis.

-          Menor eficacia de los implantes dentales.

-          Pérdida del gusto. Una lástima para los amantes de la gastronomía. El daño que el tabaco causa a las papilas gustativas de la lengua produce una reducción en la sensibilidad de los sabores. Además, es posible que no controlemos la cantidad de sal que llevan los alimentos, pudiendo entrar en una dinámica de exceso en el consumo de la misma.


Si crees que tienes alguno de estos problemas por culpa del tabaco, lo recomendable es que consultes a tu dentista. Y piensa en todo ello antes de fumar, ya que una vez adquirido el hábito suele resultar muy complicado abandonarlo.

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