De héroe a villano. De denostado a recomendado. La inercia
del progreso ha convertido al chicle en un buen elemento para el cuidado de
nuestra salud bucodental, una vez que disponemos de un elevado elenco de
productos de este tipo para elegir que niegan la presencia de azúcar entre sus
ingredientes.
Si mantenemos esa característica como esencial a la hora de
mascar chicle, podemos encontrarnos con una seria de beneficios derivados
directamente de su consumo para nuestra boca:
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Un
efectivo anticaries. El chicle puede ayudar a prevenir la caries por el
hecho de que es capaz de producir mayores índices de salivación que ayudan a
elevar los niveles de PH que protegen los dientes de la acción de los ácidos,
que pueden llegar a dañar el esmalte y, por ende, dejar el camino libre a la
aparición de caries.
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Evita la sensación de boca seca.
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Masticar chicle también puede contribuir a remover los alimentos que han quedado
entre los dientes tras una comida.
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Sin llegar a un exceso que sería perjudicial, el
chicle puede ser una excusa para ejercitar
las mandíbulas y encías. Además, puede evitar tendencias hacia el bruxismo.
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Aunque no se reconozca, en un alto número de los
casos el consumo de chicle está relacionado con el mal aliento, ya que es un método eficaz para paliar la halitosis.
No obstante, el consumo del chicle no sustituye, ni mucho
menos, al cepillado dental ni al uso de otros elementos como el hilo dental.
Solamente constituye una ayuda que debe de ser apoyada por una frecuente y
eficaz higiene bucodental.
Ya en épocas antiguas los humanos recurrían a elementos como
la resina, hojas u otros para mascar en la boca. Y fue en la Segunda Guerra
Mundial cuando los americanos popularizaron y extendieron el hábito de mascar
goma.

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